Letra con Género

Isabel Moya Richard.Periodista cubana, Directora de la Editorial de la Mujer de la FMC, Profesora Titular Adjunta de la Universidad de La Habana, Presidenta de la Cátedra de Género y Comunicación del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

RECETA PARA CONSTRUIR UNA MUJER GLOBAL

25-10-2005
Tome unas gotas de Amarige de Givenchy.

Un poco de crema antiarrugas de Clinique.

Una porción de extracto revitalizante para el cabello de L Oreal.

Mézclelo cuidadosamente para que no haga grumos.

Distribúyalo sobre un cuerpo femenino de l 80 metros con 90, 60, 90 cms de pecho, cintura y caderas respectivamente, preferiblemente blanco y rubio.

Si no encuentra fácilmente este producto en el mercado puede recurrir sin remordimientos a silicona y colágeno, extraer algunas costillas o realizar lipoescultura.

Salpimente con algo exótico a gusto.

Cueza a fuego lento en un caldo con algo de consumismo, fin de las ideologías y la historia u otras hierbas...

Sirva enfundada en Dona Karan, Agata Ruiz de la Prada, Dior, Armani de acuerdo a su presupuesto.


Aunque éste pueda parecer solo un ejercicio irónico, no esta muy alejado del paradigma que los centros hegemónicos de poder económico, político y mediático presentan como modelo de lo femenino en tiempos de globalización neoliberal y postmodernidad. Un paradigma que se intenta mundializar como parte de la estrategia de un pensamiento único.

No me voy a detener en el modelo, ni en las imágenes con el que se presenta porque muchos son los estudios sobre el tema y la intención de mis reflexiones es provocar el debate sobre la investigación comunicológica con enfoque de género en los contextos mediáticos globalizados.

La globalización de la información y la comunicación no sólo pone en juego el proceso de reproducción de contenidos, ni la mera circulación de información, sino como señala Jesús Martín Barbero, nuevos modos de producción del pensamiento. ¿Está el enfoque de género presente en la formulación de estas nuevas formas¿ No, nacen con el pecado original del sexismo y la visión androcéntrica de la realidad y los procesos sociales.

La crisis del estado nación en América Latina a partir de los noventa ha conducido no solo a la profunda crisis del sistema político de representación y liderazgo, sino al funcionamiento de una política cada vez más dependiente de la relación mediática. Pero las mujeres apenas acceden al poder político y los medios las invisibilizan en la llamada prensa de interés general o la presentan como símbolo fetiche del consumo incluso en países donde el consumismo propagado por los medios remite a un espejismo.

Se habla con entusiasmo de los kilómetros de fibras óptica que recorren el mundo, de los satélites que permiten chatear en tiempo real con desconocidos en el otro extremo del planeta o estrenar la guerra en los Balcanes, Afganistán o Irak como la taquillera guerra virtual de Steven Spielberg y George Lucas. Pero sólo el 11 por ciento de la población de América Latina tiene acceso al teléfono un invento del siglo XIX.

En este contexto se presentan a las y los investigadores de la comunicación en el continente varios retos, en primer lugar desmarcarnos del discurso teórico globalizador general, muchas veces generado desde esos mismos centros de poder, y situar de qué modo la globalización comunicacional tiene lugar en el continente y sobre todo cómo se involucran las audiencias, los públicos, los receptores, los perceptores o usuarios según los definen las diferentes escuelas. Entre estos desafíos me interesa particularmente la incorporación del enfoque de género como una categoría comunicológica y no simplemente como un concepto tomado de la sociología para hacer investigaciones sobre los medios políticamente correctas o a la moda.

Si coincidimos en que los medios son reproductores del pensamiento dominante en cada realidad específica, constructores del universo simbólico, y en que la comunicación va más allá de la utilización de determinados recursos expresivos o técnicos para resultar esencialmente un proceso de producción compartida de significados a través de los cuales los individuos dotan de sentido sus experiencias, coincidiremos también en la incidencia de los medios en la conformación de lo femenino y lo masculino, y a su vez, en el condicionamiento que estas visiones ejercen en la construcción, emisión, resignificación, apropiación y rechazo de los mensajes.

Toda relación social se estructura simbólicamente y todo orden simbólico se estructura a su vez discursivamente. La construcción de los discursos mediáticos está profundamente marcada por los estereotipos sexistas.

Se impone entonces profundizar en la formulación de las rutinas productivas, en los valores noticias que invisibilizan a las mujeres y presentan a los hombres como portavoces de todos los saberes, en el proceso mismo de construcción de la realidad mediática y en los procesos de recepción.

La propuesta del género en la comunicación es cambiar la mirada, ver y asumir las otredades por ello resulta tan transgresor y provoca la burla del desconocimiento o el rechazo del desconcierto en muchos círculos de comunicadores y comunicadoras.

Pero no es posible acercarse realmente a cómo se articula la construcción de las identidades en la vivencia de un presente narrado por la preeminencia de la globalización neoliberal sin el enfoque de género como categoría analítica.

Con esa fuerza desmitificadora se impone analizar entre otros aspectos la visión apocalíptica que muchas veces se presenta de la globalización mediática que pretende homogenizar a las audiencias.

Es cierto que las identidades de género se construyen posesionándose, identificándose y diferenciándose en relación con las construcciones culturalmente asignadas de ser hombre y mujer y que en ello desempeñan un papel socializador importante las imágenes y representaciones que diseñan los medios articulados en una dinámica global y dentro de un proceso de integración vertical y horizontal, pero no son el único elemento y en dependencia de los contextos muchas veces ni siquiera tienen un peso relevante.

Como bien señalan Canales y Peinado “Entre las prácticas sociales y su discurso hay siempre una interacción; y el segundo no es una mera emanación de los primeros, sino que retorna sobre aquellos.”

Las audiencias no son una masa homogénea, como se presenta en el paradigma de la globalización mediática neoliberal, las mujeres en particular son diversas y plurales, marcadas por su ser como mujer, pero también por la clase, la raza, la etnia, la opción sexual, el credo, la discapacidad y otros elementos que la particularizan dentro del todo.

Se produce entonces el desfase entre la realidad y la virtualidad del modelo global. En el complejo proceso de mediaciones que caracteriza el proceso de recepción se provocan brechas entre vivencias y modelos mediáticos, entre la uniformidad universal propuesta y la diversidad de la realidad, entre el consumismo proclamado y el espejismo de consumo que caracteriza estos tiempos de crisis económica.

Quien recibe un mensaje mediático determinado –afirma Elizabeth Lozano—no es alguien aislado. Estamos hablando de un sujeto histórico y situado, condicionado por un amplio contexto que sobrepasa siempre a un mero sistema comunicativo, que lo incluye y lo trasciende. Pautas culturales, costumbres arraigadas, el medio próximo en el cual transcurre su vida, su rutina y manera de vivir, ingredientes que entre otros enriquecen y trastocan toda visión simplista. Es un proceso individual y social.

Ignorar el poder de la imagen y la representación sexista sería ingenuo y sumamente peligroso, pero debemos tener en cuenta también la importancia de la mujer y el hombre en la construcción de su propio universo simbólico.

Estudiar los complejos procesos de frustraciones a nivel individual y de grupo que produce no responder al paradigma(por ejemplo las enfermedades de la belleza), reivindicar la necesidad de escuchar en los medios la voz de los excluidos, presentar los nuevos roles que las mujeres han asumido, educar para la comunicación son también aspectos a abordar por las investigaciones con enfoque de género en la comunicación.

La brecha entre la realidad y la ficción mediática, es el espacio para una comunicación con enfoque de género que reivindique la pluralidad y heterogeneidad de lo femenino. Un ámbito que escapa a las recetas, en el que se ofrecen ya alternativas interesantes. Un mundo mejor es posible, una comunicación con equidad y no excluyente también lo es, será esa la única forma en que los satélites, los chips, la fibra óptica, las pantallas líquidas nos ayuden realmente a que el mundo resulte menos ancho y ajeno.






Por Isabel Moya | # enlace | Comentarios (11) | Referencias (0) | En: Género

VOCES SECUESTRADAS

25-10-2005
No puede existir una comunicación verdaderamente democrática e incluyente si en ella no esta presente la voz de las mujeres.

Seiscientas mil mujeres mueren cada año por complicaciones derivadas del embarazo y el parto. Ciento cincuenta veces más muertes que las acaecidas en el atentado terrorista en las torres gemelas de Nueva York. Pero la noticia no acapara grandes titulares, coberturas en vivo, ni fotos desplegadas en las portadas de las revistas. Desde la invención de la imprenta hasta la irrupción del microchip, los diferentes soportes que se han ido sumando a lo que hoy llamamos medios de comunicación masiva se han utilizado para socializar el fundamento ideológico hegemónico, a partir del cual, simbólicamente, se estructura la relación social de subordinación y discriminación de las mujeres.

Las formas de la opresión y el silenciamiento se han reciclado y sofisticado hoy, pero la esencia de una estructura social y un pensamiento que invisibiliza a las mujeres y le niega espacio a sus voces, se mantiene.

Vivimos una era en que la intensificación de los procesos comunicativos signa los contextos sociales y desde los medios se reproduce y construye el conocimiento, el poder político y el imaginario social; habitamos un mundo en que la dimensión que más se potencia en los individuos es la de consumidor y en que coexisten y se contraponen la globalización y la fragmentación.

En este contexto, los medios construyen una realidad representada que generalmente recibe el nombre de actualidad. En esta realidad mediática, los temas se retroalimentan continuamente hasta crear un mundo surrealista donde la referencia de la construcción mediática ya no es la realidad, sino la misma actualidad creada por los medios.

La concentración de los medios de comunicación en grandes conglomerados mediáticos de dimensión global no se produce solo en el sentido económico, sino también, en la conformación de grupos que aglutinan los llamados medios tradicionales, la industria cultural, el marketing, la propaganda y la plataforma tecnológica de las comunicaciones. En este ámbito la llamada libertad de prensa se expresa en la libertad de empresa.

Si todos los mensajes parten de los mismos mensajeros ¿dónde estarán la pluralidad, la diversidad, los múltiples enfoques de una realidad compleja? La censura en los medios se ejerce desde la propiedad estrechamente vinculada a la política, el acceso, los valores considerados noticia y las propias ideologías profesionales.

Como bien afirma Matyas Mon, los ciudadanos pueden elegir a sus representantes pero no a los gerentes de los grandes consorcios multimediales. El control de los medios se convierte en un elemento fundamental de las estrategias de dominación y en el núcleo de esta acción se articula la representación de la imagen del otro “a imagen y semejanza” del interés hegemónico.

En la globalización neoliberal fragmentada, las sociedades son fundamentalmente sociedades mediáticas. Los medios son el gran espejo, no de lo que la sociedad es, sino de lo que debe aparentar ser. Plena de tautologías y evidencias, la sociedad mediática es avara en razones y argumentos. Para ella repetir es demostrar.

Los medios en la era de la globalización neoliberal son importantes elementos socializadores en la configuración de la cultura, las normas, los valores, la agenda social. Reproductores del pensamiento dominante en cada realidad específica se constituyen hoy en reforzadores o transformadores de las representaciones sociales e incluso han desplazado a otras instituciones que tradicionalmente tenían un gran peso en la configuración del imaginario colectivo.

De acuerdo a las funciones que se asignan o desempeñan los medios de comunicación pueden contribuir al progreso social y al desarrollo, o por el contrario, ayudan a mantener la ignorancia, la marginación social y a reforzar las desigualdades, la discriminación, la explotación y la opresión por razones de clase, raza, etnia, orientación sexual, discapacidad y sexo.


En nuestros días, afirma el escritor Manuel Vazquez Montalbán , los medios de comunicación tienden a imponer el referente del triunfador social histórico que se corresponde con el prototipo del ciudadano emergente del norte. Le agregaría a la certera afirmación del creador del detective Cavallo, que el prototipo es el del ciudadano varón del norte.

La globalización de la información y la comunicación no sólo influye en el proceso de producción de los contenidos, en la circulación de la información, sino también, en los modos de producción del conocimiento y el pensamiento. Estas nuevas formas, y algunas no tan nuevas, pero recicladas para el siglo XXI, nacen heredando el sexismo y la visión androcéntrica de los procesos sociales que han primado hasta hoy.

La reproducción del sexismo a través del lenguaje, los contenidos, las imágenes se origina en la sobrevivencia de ideologías, ideas, creencias y tradiciones arraigadas y asentadas en la cultura de la desigualdad que legitimó secularmente la discriminación y opresión de las mujeres.

La investigadora Sara Lovera afirma que las imágenes sexistas son todavía las que permean segmentos muy grandes en el contenido de los medios: madres sacrificadas, mujeres “machorras”, cuerpos “buenos” y mujeres muy “malas”, mujeres ejecutivas infelices, ejecutivas masculinas, mujeres frustradas, mujeres amorosas o mujeres fuertes aisladas o descontextualizadas, mujeres humildes y obedientes, no protagónicas, mujeres fieles, mujeres servidoras, mujeres ayudantes, mujeres madres. En parte se trata de la realidad, porque los cambios culturales de cómo fuimos formadas y mandatadas para actuar en la sociedad y en la vida cotidiana son muy lentos. Hoy, sin embargo puede hablarse de una relación desfasada entre la imagen y la realidad, porque en los últimos años han sucedido importantes cambios en la sociedad y en la vida concreta de hombres y mujeres en el mundo. Estos cambios han originado nuevos entretejidos en la vida y las mujeres han ido tomando otros lugares, haceres y propuestas en la sociedad, que no son reflejados en los medios y por el contrario con frecuencia son fustigados.

Evolutions media – Media watch señala que las mujeres en los medios son invisibles y objeto de representaciones prejuiciosas y en ocasiones reducidas a simple objeto sexual. Las mujeres ocupan cinco veces menos espacio que los hombres en la cobertura de los medios de comunicación en todo el mundo, con el 18 por ciento de las personas citadas.

Por su parte, la boliviana Ivonne Farah precisa que para las mujeres algunas de las dimensiones de la lucha por el poder en la comunicación se expresa en el silencio informativo sobre nuestras necesidades, en las imágenes distorsionadas de nuestras identidades, en nuestra ausencia como sujeto de las noticias...

En el mundo mediático transnacional las mujeres son vistas a través de las concepciones más atrasadas y reaccionarias. La ecuatoriana Irene León afirma que la globalización neoliberal es sexista no solo porque potencia la exclusión de las mujeres, sino también porque las margina de la gestión de lo mundial, un modelo que coloca el capital al centro de su devenir, relega lo humano y por lo tanto no tiene ningún enfoque de género.




Una sistematización de las formas en que se estructura simbólicamente este discurso de subordinación y discriminación de las mujeres me permite esbozar algunas regularidades:


 Invisibilizadas en las noticias y en la llamada prensa de interés general. Apenas se aborda la participación de las mujeres en la vida social porque en la formulación de las rutinas productiva, en los valores noticias(news making) no es considerado tema de interés.
 Las mujeres del tercer mundo solo aparecen en casos de catástrofes y conflictos...
 Se manipula el imaginario colectivo con el tema de las mujeres para justificar “actos patrióticos”: el caso del montaje de rescate de la soldado Lychn es un buen ejemplo de ello.
 Se utiliza la situación y condición de las mujeres para justificar “guerras preventivas”, y luego el tema es abandonado de los medios: las mujeres afganas, las mujeres iraquíes.
 Se presentan las mujeres como un todo único, homogéneo y estereotipado, sin reparar en su pluralidad y multiculturalidad.
 Se presentan descontextualizadas de sus realidades particulares.
 La mujer fragmentada y dicotómica es el modelo por excelencia: madre –esposa versus sensual-devoradora.
 Asuntos como la violencia doméstica y la violencia contra la mujer son tratados con frecuencia como un show mediático descontextualizado. Y en muchos casos el tratamiento justifica la violencia: “Por adúltera le dieron 20 puñaladas”.
 Los temas que interesan a las mujeres son considerados secundarios, de menor importancia y con frecuencia se banalizan.
 Se continúan reproduciendo las ideas y prácticas de subordinación y los estereotipos sexistas aunque se hable de “la mujer de hoy” y “la mujer liberada”.
 Persisten prácticas denigrantes y tratamientos peyorativos en el uso de la imagen como objeto sexual en la publicidad, el humor...
 La mujer se presenta en las llamadas revistas femeninas como símbolo fetiche del consumo incluso en países donde el consumismo propagado por los medios remite a un espejismo de consumo. Devienen un ámbito donde se suspenden las diferencias de clase, raza, etnia.
 Prevalece un lenguaje sexista.
 El cuerpo femenino se reduce a un modelo que niega la diversidad.
 No se profundiza en las causas de la desigualdad entre hombres y mujeres, sino que se presenta como algo natural o desde un enfoque biologicista.
 En las mujeres empoderadas se resaltan su estado civil, su condición o no de maternidad, su forma de vestir y su físico, algo que no se hace con los hombres en igual categoría.
 Las mujeres de las culturas no hegemónicas son presentadas desde visiones “folkloristas”.
 En las secciones en que más aparecen las mujeres son sociedad, deporte y cultura.

Sería interesante y necesario abordar también la representación masculina en los medios, ya que lo masculino y lo femenino están construidos de manera dicotómica y excluyente: lo no masculino es femenino. Por tanto, también se presenta estereotipada la masculinidad, pero eso sería objeto de otro estudio. Las identidades de género se construyen posesionándose, identificándose y diferenciándose en relación con las construcciones culturalmente asignadas de ser hombre y mujer y en ello, como hemos visto, desempeñan un papel socializador importante las imágenes y representaciones que diseñan los medios articulados en una dinámica global y dentro de un proceso de integración vertical y horizontal presentando un paradigma que se intenta mundializar como parte de la estrategia de un pensamiento único.

Sin embargo, no son los medios el único elemento socializador, y en dependencia de los contextos, muchas veces ni siquiera tienen un peso relevante. Como bien señalan Canales y Peinado “Entre las prácticas sociales y su discurso hay siempre una interacción; y el segundo no es una mera emanación de los primeros, sino que retorna sobre aquellos.”

Ignorar el poder de la imagen y la representación sexista sería ingenuo y sumamente peligroso, pero debemos tener en cuenta también la importancia de la mujer y el hombre en la construcción de su propio universo simbólico.

Estudiar los complejos procesos de frustraciones a nivel individual y de grupo que produce no responder al paradigma(por ejemplo las enfermedades de la belleza), reivindicar la necesidad de escuchar en los medios la voz de los excluidos, presentar los nuevos roles que las mujeres han asumido, educar para la comunicación son también aspectos a abordar con enfoque de género desde la propia comunicación.

La brecha entre la realidad vivenciada y la realidad mediática, la voluntad y el talento de comunicadoras y comunicadores, la lucha del movimiento de mujeres y de las feministas, el aumento de una conciencia de género en sectores de la intelectualidad, la academia, las organizaciones internacionales, los movimientos populares y otros actores sociales han permitido el nacimiento de una comunicación alternativa que pretende abordar el mundo con otra mirada.

Agencias de Noticias sobre las Mujeres, sitios Web feministas, publicaciones alternativas en la red , experiencias radiales, el propio trabajo del Women's Programme of World Association for Christian Communication, revistas y periódicos alternativos , estudios e investigaciones desde las universidades y los centros de investigaciones sociales, la propia inclusión del tema en congresos de naciones unidas y de gobiernos donde se ha reflexionado sobre estos asuntos son indicadores de que una luz se asoma en el horizonte.

Sin embargo, Margaret Gallanger alerta de que la actual lucha por la igualdad social de la mujer y la diversidad en los medios de comunicación apunta a un blanco en constante movimiento.

Haciendo Camino al andar: la experiencia cubana

Me gustaría, finalmente referirme brevemente a la experiencia cubana en este aspecto. Al proceso de transformaciones, a los logros, las insatisfacciones, a todo lo que queda por hacer en este campo y a los retos del presente y el futuro.

En gran medida las recomendaciones aprobadas en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing en el acápite Mujer y Medios de Comunicación ya han sido implementadas en Cuba desde hace varias décadas, pues la creación de políticas para el acceso de la mujer cubana a los medios, la elevación de su nivel cultural y el esfuerzo por lograr que la imagen de la mujer responda a los profundos cambios ocurridos en su vida es voluntad del estado cubano desde el triunfo mismo de la Revolución en 1959.

En Cuba se ha eliminado el tratamiento denigrante y peyorativo de la mujer en la publicidad que se realiza desde nuestro país, las mujeres constituyen más del 44 por ciento de las comunicadoras y más de la mitad de las estudiantes de comunicación.

Pero las investigaciones igualmente señalan que las complejidades, contradicciones y dificultades de la vida cotidiana y la creatividad de las cubanas para enfrentarlas son temas casi ausentes de nuestros medios, falta aún abordarla en su diversidad. Por otra parte, la representación de la mujer negra y mestiza no se corresponde totalmente con nuestra realidad actual. En ciertos casos incluso no se ha logrado rebasar el estereotipo del rol tradicional de la mujer responsable de la casa, la educación de los hijos, el cuidado de los ancianos...

Se produce en este panorama una situación contradictoria donde conviven productos comunicativos de gran calidad y enfoque de género junto a otros evidentemente sexistas. Lo que refleja también el estado de reconceptualización de lo femenino y lo masculino en la sociedad cubana. La lucha entre viejos y nuevos paradigmas se produce en un complejo decursar de avances y retrocesos, signados por la voluntad de cambio, pero marcados a su vez por rezagos y concepciones estereotipadas.

Este proceso es un fenómeno complejo porque como bien afirma Michele Mattelart lo que depende del orden simbólico no se articula automáticamente sobre los cambios ocurridos en el orden de la producción y la organización de los roles sociales.

En este sentido el Plan de Acción Nacional de la Republica de Cuba de Seguimiento a la Conferencia de Beijing, que tiene carácter de ley, ha propuesto tres medidas fundamentales para perfeccionar el trabajo de los medios de comunicación en la promoción de una cultura de la igualdad:

 Aplicación consecuente de las políticas informativas que orientan el tratamiento no sexista de las mujeres, a través de códigos de ética profesionales, líneas editoriales y rutinas profesionales.
 La capacitación de comunicadores y comunicadoras en materia de género.
 La investigación comunicológica con enfoque de género de todos los procesos comunicacionales.

Otra experiencia interesante ha sido el trabajo articulado de la Federación de Mujeres Cubanas, organización no gubernamental que agrupa a mas de cuatro millones de mujeres y es el mecanismo nacional para la promoción de la mujer, con los medios, los comunicadores y comunicadoras, los artistas e intelectuales en el análisis de productos comunicativos y artísticos, la capacitación, la producción conjunta de nuevas propuestas y en la investigación.

Sin embargo, no hay recetas a la hora de construir representaciones más equitativas de hombres y mujeres dentro de los medios. Es un proceso plagado de contradicciones, donde la sensibilización en materia de género de los decidores desempeña un papel fundamental. Una comunicación verdaderamente democrática e incluyente no puede prescindir de la voz de las mujeres. Voz secuestrada durante siglos, pero que comienza ya a romper silencios.

Me apropio de los versos de una poetisa cubana, Dulce María Loynaz, para definir el periodismo incluyente, no sexista, plural y responsable que necesita y demanda el siglo XXI: debe ver más allá del mundo circundante y más adentro en el mundo interior, pero no detenerse allí, sino saber hacer ver a los demás lo que se ha visto.













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